viernes, 8 de mayo de 2009

Memorias de mis dietas tristes.

No mides una hamburguesa: Te la comes.













Aunque hay quienes conocen a esa hamburguesa hasta la última caloría.

Después del Dentista, Ginecóloco y Piscólogo, el nutricionista (o nutriólogo) es el especialista que más odio. O miento, creo que el nutricionista encabeza la lista de los especialistas a los que más detesto ir.

Como buena gorda devota de toda la vida, he andado del consultorio de un nutriólogo a otro. Siempre es la misma historia, hoy quiero compartiros las más trágicas y las más graciosas.

No recuerdo exactamente cuando comencé una "dieta" como tal, no lo recuerdo, debía de haber tenido como 13 años apróximadamente (ufff) y recuerdo que la sola palabra hacia que en mi mente se presentaran imágenes como: esfuerzo, mucho cansancio, agotamiento (físico y mental), un fuerte sentimiento de esclavitud.

En ese entonces nadie me explicó que una dieta era más que dejar de comer las cosas que te gustan, y comer lo que no te gusta y además en pocas cantidades. Era un fiasco.

Las dietas comenzaban casi siempre los lunes por la mañana y a la tarde de ese mismo lunes ya estaba coqueteando con unos pastelitos (tortas), chocolates, botanas etc.

Por desición unánime (y obligatoria) mis papás me llevaron al primer nutriólogo, mi primer éxito: 4 kgs menos en un mes. Después me aburrí. Era muy difícil llevar un equilibrio cuando eres adolescente, en la espalda cargar la cuenta de las horas a las que debes de comer, más lo que vas a comer, menos el tiempo que ocuparás en hacer ejercicio, más la escuela, menos las críticas que hay que soportar por estar a dieta como:


- Gustas?

- No, gracias

- Ay no me digas que estás a dieta? (tono un poco sarcástico-burlón)

- Pues sí

- Si no te hace falta.. ja ja ja


Y vienen más tentaciones.

O sea que mandas todo a la m...uy lejos (al menos eso hice yo) y volví a mi normalidad.

Vino la segunda nutricionista, el drama de tener que revisarte y confesarte por todas partes, contestar preguntas tales como: Qué comes? Qué te gusta comer más? Cuánto Comes? A qué hora? Haces Ejercicio? A qué edad tuviste tu primer periodo? Haz tenido relaciones sexuales? (eso como para qué?) algun vicio (alcohol, cigarros, drogas?) ?

Y finalmente las medidas, el peso, la talla, los brazos, las piernas.
Quien haya ido a una consulta de este tipo sabe a lo que me refiero. Yo siempre salía con los ánimos bajo el subsuelo. Que si tengo obesidad grado dos. Que mis antecedentes familiares no son buenos: diabetes, hipertensión y otras que se deriven de esas...

Que si todo.

Me esforcé, me esforcé mucho en verdad. Cada mes iba con la esperanza de haber bajado al menos un gramo, y no se qué era lo que pasaba pero lo que la báscula marcaba no era precisamente un número de alegría. Lo dejé de nuevo.

Y así siguieron muchos.

De dietas debería publicar un libro, en cada una recuerdo situaciones, como en la que comenzaba así:

Lunes :

Desayuno - Una rebana de aire y un café, sin azúcar.

Me comía lo que decía la dieta, por supuesto que sí, pero me lo comía tres veces. O le agregaba una colación de pizza, refresco (de dieta eh!) pan, helado, torta, quesos etc.

La última nutricionista a la que asistí, era una mujer alta y delgada, demasiado delgada, no tenía absolutamente nada, nada de bubies, nada de pompas, nada de nada. Fui porque todos decían que era la mejor y que con ella, o adelgazabas o... adelgazabas. Para estas fechas ya tenía más claro el por qué lo hacía, quería dejar de sentirme fatigada cuando caminara hacia la escuela, quería poder subir las escaleras sin sentir que escupia el pulmón y necesitar un tanque de oxígeno tan rápido como fuera posible y luego ya pensaba en tener hijos.


La nutricionista estaba loca, tal cual, me desnudaba para pesarme, en tres aparatos diferentes, me checaba la glucosa, la presión (o ritmo cardiaco), me medía con una cita (con la que siempre quería suicidarme jijiji) y cosas así, lo más gracioso de todo es que ella nunca me dio una dieta, ASÍ COMO LEEN. Me hizo comprar una libreta que cargaría hasta el baño (por si se me antojaba irme a esconder para comerme un pirulí jijiji) y ahí tenía que anotar absolutamente todo lo que entraba en mi boca, con hora, lugar y fecha, así de exagerado era, después a la hora de la cita ella lo revisaba como el profesor que te pone una carita feliz a lo que comiste bien y lo que no debías de comer, después venían las cosas tristes, la revisión de pies a cabeza, el colmo de la exageración fue cuando si no bajabas de peso y al contrario aumentabas tenías que pagarle una cuota... más aparte la consulta, que venían siendo como 27 dólares y 10 dólares de multa... sobra decir porque dejé de ir.

Desde entonces cuando me entran ganas de ir a un nutricionista recomendando, pienso en la lista de los que visité, y me digo: si quiero seguir traumando gente, mejor estudio psicología, total cualquiera necesita un poco de tortura con dosis de locura. ^^*.

No dudo que me encontraré a varios nutriólogos traumados, que eligieron esa carrera por no estar agusto con su peso, se creen salvadores de la obesidad cuando saben que no es más que otro trabajo mutilante. Se trata de comer lo que se debe, no de más, ni de menos.

Hoy no estaba inspirada, pero lo escribí desde lo más profundo de mis recuerdos!

Hasta el próximo desdén.

FirmO*

Miss_Word_ita

[Como palabra chiquita]

6 comentarios:

Secreta dijo...

A mí me hubiera gustado ser nutri, habría hecho mucho dinero :P

Marta dijo...

Esto está espléndido! Recuerdo a una profesorea de yofa que conocí una vez, me hablaba de la ley del péndulo... cuando te fuerzan hacia un extremo inmediatamente están provocando que las fuerzas vayan hacia el otro... todas esas prohibiciones extremas, y los controles exagerados no hacen más que provacar el desbalance hacia el extremo opuesto.
Además, no creo que una dietista aislada sirva para nada. Se está soslayando el asunto de base, que es el por qué hemos llegado a ese estado de cosas. El peso no es más que un síntoma. Cuando se trata el síntoma ignorando el corazón que nos duele, todo es inútil.
Muchas pero muchas gracias por tu blog

de Gordas y Locas dijo...

Mil gracias por tu comentario Marta!!! y por visitarnos

Anónimo dijo...

Pasarme por este blog y leer un par de cosillas me hizo darme cuenta de que... Mañana mismo me pienso hundir en la anorexia como hasta un mes atras, no quiero ser como ustedes. Chau! En 2 meses vuelvo.

Secreta dijo...

Na, pero no lo haria onda hacer sentir mal a nadie, sino con la verdadera intencion de ayudar. Mi nutricionista es un sol y los consejos que me daba y su trato eran fabulosos, yo le hice caso y en su momento me sirvio.
Quise ser nutri pero no esta la carrera en mi ciudad, mi idea era mezclarlo con psicologia y blablabla
La mayoria de los que van al nutricionista fallan, y no creo que sea culpa tan de ellos, les falta otro tipo de formacion, que por ej la tipa que te cobraba si subias obviamente no tenia.
Bueno, bye

carli dijo...

Hola alma gemela, no te voy a contar por todos los nutricionistas que pase....sería muy aburrido,lo único que se el fastidio que me producían verlas tan delgadas, tan superadas y con esas miradas de lastima hacia tu persona. Hasta que me pusé a pensar en TODO LO QUE TENÍA, que es muchisimo:amor,trabajo,familia,y cuando uno comprende que ser feliz no pasa por la perfección física, que no tenes que ser flaco para que te amen, te hagan el amor con
ganas,para se exitosa en lo que emprendas.
Cuando vi mi vida desde ese plano, me relaje y con una gran sonrisa te digo que me siento HERMOSA, de adentro y de afuera.
A gozar la vida, que perdemos tiempo de vivir, buscando falsos esteriotipos, besotes, te sigo leyendo.

SE FUERTE


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